Impulso: deseo intensivo y repentino que lleva a hacer una cosa sin reflexionar o sin pensar en las consecuencias.
El primer impulso fuerte que recuerdo fue el de cortarme el pelo. Lo tenía larguísimo, con la raya al medio. Era aburrido. Era feito. Y una tarde en lo de Aniela, se cortaba el pelo Lula, se cortaba el pelo Gala, se cortaba el pelo Eugi, y me convencieron a mi. Y a partir de ahí no pare.
El siguiente fue el de hacerme el flequillo: me levanté un día y dije: me voy a hacer el flequillo. Fui a la peluquería y lo hice.
Una vez más, un cambio repentino.
Otro día, cuando tenía mis nuevas uñas tutti frutti me dijeron “y ahora te falta el mechón tutti frutti”. Y lo hice. Y tampoco paré (consecuencia: ahora tengo toda la cabeza roja).
Pero los impulsos no sólo han sido respecto a mi pelo.
Siento impulsos constantemente a hablar con cierta gente, mandar mensajes, comer, ir a ciertos lugares. Muchas veces entré en cuestiones que no quise entrar, otras me arrepentí profundamente pero siempre recuerdo haber seguido mi instinto. Por confiar en el destino. Pero últimamente mi amigo destino me falló, y dejé de seguir(me).
Mi cuerpo dejó de sentir la necesidad de hacerle caso a la mente-impulsos. Los olvidé. Comenzé a vivir razonando cada acto: pensaba y luego existía. Y no digo que eso este mal…pero no sé, me gustaba sorprenderme con lo que hacia, aunque eso termine en una gran decepción. Porque mientras respondía a cada impulso, me imaginaba lo que seguía. Siempre era algo bueno: soñaba con una historia color rosa, con final feliz, con lo que sea. Pero no siempre se daba así y caía en un abismo gigante, que no tenía por qué soportar. Si todo era falso ¿para qué ilusionarse con aquello? Pero no voy a mentirles: eran juegos lindos que extrañaba mucho (extraño).
Una mañana tuve que ir al centro a hacer unas compras y a pagar inglés. Pensaba irme de ahí a la facultad, pero las bolsas eran más grandes de lo que pensaba y no quería soportarlas. Además, como era temprano, hacía tiempo de volverme en colectivo a casa e irme caminando a la facultad y llegar justito a las 11 de la mañana.
Cuando estaba llegando a inglés, veo a alguien correr hacia el colectivo (sí, ese alguien). El colectivo que iba a la ciudad universitaria. Y dije: me lo tomo, ya fue, me banco la bolsa y pago mañana inglés. Y cuando iba a salir corriendo a tomarlo, me frené. “No Laura, no Laura, no Laura”. Y se fue el colectivo.
¿Cuánto hacia que no sentía algo así? Meses. Muchos meses. Y me asusté, porque fue un impulso demasiado fuerte. Creo que hasta me dio miedo de no poder controlarme, y me dieron ganas de llorar.Cumplí mis deberes de pagar y cuando bajaba en el ascensor, lo sentí una vez más. Me decía a mi misma “ya fue, tomate un taxi hasta casa, dejá todo y andate a la facu. Seguro lo ves ahí. ¡Seguro!”. Y esta vez lo hice. En el taxi razoné un montón, y me inventé una historia de amor muy linda. Llegué sonriendo a casa. Corriendo, me preparé y me fui para la facultad (en colectivo). Cuando llegué no había nada-nadie (que yo busque).
¿Conclusión? Los impulsos son buenos. Como diría mi buen amigo & primo Emiliano: “Dejese llevar por cualquier impulso que le venga. Ganar o perder siempre que sea apostando a lo que uno no sabe tah de 10… se aprende y mucho, sea en lo que sea”. Y yo lo recomiendo. Pero mejor, para ahorrarse unos malos momentos, unas lágrimas, unas decpeciones, mejor no me hago caso y pienso y luego existo.
Eso lo escribí en Abril de este año y estaba en los caramelos de colores. Ahora lo copio, lo pego y le hago unas modificaciones para introducirme a un nuevo acontecimiento impulsivo en mi vida: me corté el pelo una vez más, sí señores. Y esta vez estoy irrreconocible: cambió el flequillo, cambió el largo, y la semana que viene cambiará el color. Mi mamá me dijo que parezco de Pushing Daisies, pero me parece que nomás para hacerme creer que me queda mejor que antes.